REGIONALES
Electricidad en Punto Fijo: Crónica de una despedida anunciada
Punto Fijo, estado Falcón – Vivir a oscuras dejó hace mucho de ser un accidente en Punto Fijo para convertirse en una gramática cotidiana. La electricidad ya no se espera como un servicio garantizado, sino que se concibe como un acompañante que no es propio de la zona, susceptible a cualquier hora de una súbita despedida.
Cada interrupción del flujo eléctrico, prolongada durante horas -a veces- insostenibles, marca el desmantelamiento paulatino de las dinámicas de vida y arrastra a la población a una suerte de atavismo forzado: una rutina donde la luz solar dicta el fin de la jornada y las noches pueden ser tan oscuras como en la Edad Media.
El impacto de este colapso prolongado trasciende la paralización del comercio, la refrigeración de alimentos o la interrupción de las comunicaciones; su daño más severo se dibuja en la psiquis colectiva. Expertos en salud mental y sociología advierten sobre un fenómeno de agotamiento emocional sistemático.
La imposibilidad de planificar el día a día genera un estado de alerta perenne, en el que la incertidumbre erosiona la serenidad de las familias. La privación recurrente del descanso altera los ciclos del sueño, amplifica el estrés y desata una sensación de indefensión aprendida. El ciudadano común no solo combate la penumbra material, sino también el desgaste psicológico de ver recortada su calidad de vida a espaldas de cualquier previsión.
A este panorama se suma un silencio institucional que acentúa el desamparo. Las interrupciones en el suministro transcurren en un vacío informativo donde la ausencia de explicaciones oficiales, cronogramas veraces o planes de contingencia públicos abruma más que la propia falla técnica. La falta de vocería responsable transforma el problema en una incógnita permanente, obligando a los habitantes a depender del rumor y de la especulación para intentar adivinar cuándo retornará la energía.
No obstante, el rasgo más alarmante de esta crisis es la instalación de una anómala normalidad. Los ciudadanos han aprendido a articular su existencia en medio de la precariedad, improvisan dinámicas domésticas y asumen la penumbra como un elemento estructural del entorno.
Punto Fijo habita hoy una paradoja histórica al tratar de sobrevivir en tiempo presente a problemas elementales y característicos de siglos pasados; en espera de que la gestión pública devuelva a los ciudadanos la certeza más esencial del siglo XXI: el derecho a la luz.
Fuente: Francisco Rodríguez CNP 28.228/ Notifalcón
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