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Venezolano deportado de EE UU a Liberia: “Nos tuvieron encadenados durante todo el viaje”

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Dos venezolanos que vivían en Estados Unidos fueron deportados a Liberia después de pasar meses bajo custodia migratoria. Ambos tenían protección contra su retorno forzado a Venezuela y denuncian que supieron con poca anticipación que serían enviados a África, continente donde están varados.

A, de 45 años de edad, describió al diario El País el momento en que fue obligado a abordar el vuelo chárter. “Nos tuvieron encadenados de pies y manos durante todo el viaje (que duró unas 15 horas)”, relató.

El venezolano trabajaba en el sector de la energía eólica y asegura que no tenía antecedentes penales. A comienzos de 2026 acudió con su esposa a un control rutinario de inmigración. En ese momento ella pudo marcharse, pero él quedó detenido.

Durante los meses siguientes pasó por cuatro centros de detención en Estados Unidos. Según su testimonio, su abogado no fue informado de esos movimientos ni sobre su posterior deportación. A. afirma que durante ese período sufrió ataques de ansiedad y depresión.

Cuando llegó el momento de abordar el avión, intentó resistirse. “O te subes colaborando o te subimos a la fuerza”, recuerda que le advirtió un agente. Asegura que los pasajeros comenzaron a llorar apenas ocuparon sus asientos.

C., otro venezolano de 36 años de edad, tampoco sabía que terminaría en Liberia. Había vivido y trabajado cinco años en Estados Unidos. Afirma que supo su destino horas antes del vuelo, cuando vio su nombre en una lista.

El venezolano salió de su país en 2021 y posteriormente obtuvo permiso de residencia temporal renovable anualmente que le permitía trabajar legalmente. Además, contaba con protección contra la repatriación forzada a Venezuela.

En diciembre de 2025 acudió a un control migratorio rutinario y quedó bajo custodia. Lo que inicialmente serían dos semanas se convirtió en ocho meses de detención administrativa, durante los cuales pasó por nueve instalaciones.

Su hijo nació mientras permanecía detenido. “Ahora tiene cinco meses y no puedo abrazarlo; solo puedo verlo por videollamada. Son cosas que no se le desean a nadie”, expresó.

“Ya no quiero vivir en EE UU”

A. también describe consecuencias para su familia. Asegura que su hija comenzó terapia y que su hijo mayor ha planteado abandonar la escuela para trabajar. Teme que las autoridades migratorias también detengan a su esposa.

“Yo ya no quiero vivir en Estados Unidos. Prefiero pedir asilo en Europa y llevarme a toda mi familia. Lo lograron: me quitaron el deseo de volver. Si antes no creía en la política, ahora ni siquiera me queda fe en los seres humanos”, dijo A en entrevista con El País.

Los acuerdos de deportaciones hacia terceros países

El vuelo del 19 de agosto partió desde Alexandria, Luisiana, con ciudadanos de América Latina, el Caribe y África subsahariana. Liberia acordó recibir cerca de 1.200 personas durante un año como parte de un convenio bilateral con la administración de Donald Trump.

Entre enero de 2025 y agosto de 2026, Estados Unidos suscribió acuerdos de traslado con más de 35 países y deportó a más de 23.000 personas hacia 26 naciones, según Human Rights First y Refugees International.

Las organizaciones señalan que entre los expulsados existen personas con estatus migratorio regularizado y retención de remoción, protección que impide devolverlas a su país de origen cuando enfrentan un riesgo real de persecución o tortura.

Esta obligación está contemplada en la Convención de Naciones Unidas sobre el Estatuto de los Refugiados y la Convención contra la Tortura. Tanto C. como A. contaban con esa protección antes de ser enviados a Liberia.

En marzo de 2025, el Departamento de Seguridad Nacional estableció directrices para acelerar deportaciones a terceros países. En la teoría EE UU verifica previamente si el destino ofrece garantías contra la expulsión posterior o la tortura.

Si el Departamento de Estado considera creíbles esas garantías, el traslado puede efectuarse sin procedimientos adicionales y sin preguntar al detenido si se siente inseguro en el país al que será enviado.

El Comité Estadounidense para Refugiados e Inmigrantes ha cuestionado el uso de las detenciones administrativas. El American Immigration Council advierte que los traslados continuos dificultan el contacto con familiares, redes de apoyo y asistencia legal.

Por el momento C. y A. permanecen en un hotel en Marshall, cerca de Monrovia. A. asegura que pueden entrar y salir libremente. “No quiero quedarme aquí, pero al menos soy un hombre libre”.

Fuente: El Nacional

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