martes , 21 mayo 2019

El equipo de Guaidó espera que a fin de mes comience a sentirse el efecto de las sanciones a Maduro

Si se cumplen los pronósticos que hacen los funcionarios de Juan Guaidó, a fines de abril y, sobre todo durante el mes de mayo, la escasez de alimentos y los cortes de energía alcanzarán niveles dramáticos en Venezuela.

En el entorno del mandatario creen que en un país que es importador neto de alimentos, la carencia de divisas sobrevendrá a la decisión de las petroleras rusas e indias de restringir el comercio con el régimen de Nicolás Maduro luego de las sanciones impuestas por los Estados Unidos, y llevará a la crisis humanitaria a niveles no vistos hasta ahora.

A diferencia de los anteriores intentos de desplazar al régimen chavista, esta vez, Guaidó goza del apoyo de la mayoría del pueblo venezolano, cada vez más contrario al régimen a medida que arrecian las penurias. Además, destacan que Guaidó ha logrado encolumnar detrás de su figura a toda la oposición al régimen, antaño afecta a las internas y las divisiones.

Sin embargo, tras la euforia que desató la juramentación de Guaidó, son varios los gobiernos de los países miembros del Grupo de Lima que han perdido el optimismo. A fines de marzo, en una entrevista pública realizada por el escritor Mario Vargas Llosa en la cena de la Fundación Libertad en Buenos Aires, el presidente argentino Mauricio Macri sintetizó ese sentimiento: “La verdad es que hubo un pico hace un mes de presión que sentíamos que iba a pasar algo y el tiempo corre a favor de Maduro de vuelta y el ejército corrompido que lo rodea. Así que no, la verdad que no sé, no… no soy optimista, no soy optimista”.

En los ambientes diplomáticos reina la misma incertidumbre y el mismo escepticismo. Fue lo que se percibió, por ejemplo, en una reunión privada organizada por el embajador peruano en Buenos Aires, John Peter Camino Cannock, y de la que participó Elisa Trotta, embajadora designada por el gobierno de Guaidó en la Argentina. Con el fantasma de una posible intervención militar estadounidense agitándose desde Washington, en el mediodía del miércoles eminentes analistas internacionales argentinos acercaron propuestas y posibles cursos de acción a Camino Cannock, a Trotta y a diplomáticos argentinos que siguen de cerca la situación venezolana.

Los apenas 13 países del Grupo de Lima -Argentina, Brasil, Canadá, Colombia, Costa Rica, Chile, Guatemala, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú y Santa Lucía-, sumados a Estados Unidos, están aún lejos de conseguir los dos tercios necesarios (24 votos) para lograr una resolución de la Organización de los Estados Americanos (OEA) que tenga algún tipo de ejecutividad. A diferencia de lo que sucedía en el pasado, cuando los Estados Unidos encolumnaban a pequeñas naciones caribeñas en las votaciones relacionadas a la dictadura de los hermanos Castro en Cuba -resistidas por el bloque de Argentina, Brasil y Uruguay-, en la actualidad son esos países del Caribe los que bloquean la posibilidad de cerrar aún más el cerco sobre Maduro desde la OEA.

Si bien ya desde tiempos de Hugo Chávez el régimen venezolano ha sabido garantizarse la fidelidad de pequeñas naciones del Caribe sobre la base de petróleo barato, satisfacer la relativamente baja demanda energética de esos países a cambio del voto a favor de algún tipo de intervención humanitaria es algo completamente accesible para Estados Unidos, además de ser mucho menos impopular y costoso que una intervención militar, sugirió un analista.

La situación cubana también formó parte de la conversación. En momentos en que los Estados Unidos acaban de endurecer las sanciones que pesan sobre Cuba, el mismo analista sostuvo que la Unión Europea debería tender un puente con La Habana, que en una hipotética caída del régimen de Maduro quedaría privada de acceder al petróleo venezolano, aislada y echada a su suerte.

Más allá de la región, las conversaciones del gobierno de Guaidó con el gobierno chino han sorprendido de buen modo a los diplomáticos venezolanos, tal vez porque al gobierno comunista le alcanza con que el gobierno de transición le dé garantía a sus inversiones y respete los contratos.

Diferente es el caso de Rusia, el mayor apoyo del régimen de Maduro, y el mayor escollo a vencer. El diálogo “difícil, pero abierto” que mantuvieron el mes pasado en Roma el viceministro de Exteriores ruso Serguéi Ryabkov con el encargado estadounidense para Venezuela Elliott Abrams es la punta del iceberg de unas negociaciones con el gobierno ruso que existen y que incluyen al gobierno de Guaidó pero que por el momento se mantienen por canales secretos y poco se sabe de su contenido. No existe en Moscú unanimidad sobre cuál es el mejor modo de preservar sus intereses, por lo que las negociaciones pueden encontrar en ese resquicio el modo de incorporarlos como parte de una transición negociada.

No obstante, el involucramiento de Rusia en la crisis venezolana con la reciente llegada de un centenar de tropas y material bélico excede el interés económico. Más allá de la deuda, de los intereses rusos en el negocio del petróleo venezolano y de algunos multimillonarios contratos de defensa, lo que está en juego son los deseos (y la habilidad) de Vladimir Putin para proyectar a Rusia como potencia. Por eso, ante los temores de que el Kremlin intente repetir un escenario como el de Siria en Venezuela, un reputado analista con lazos con la cúpula del gobierno argentino sugirió encarrilar las negociaciones por la vía del Grupo de los 8.

En los próximos días el gobierno de Guaidó presentará en Buenos Aires algunos de sus planes para desplazar a Maduro y reconstruir Venezuela. De cumplirse sus presagios, la presentación coincidirá con el agravamiento de la crisis humanitaria. Todo ello, ante la mirada de los gobiernos de los países que conforman el Grupo de Lima, que siguen de cerca los pasos del presidente, para ver si logra mantener el dinamismo y la centralidad que tuvieron su pico en los primeros meses del año.

Infobae.

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