En Venezuela los discapacitados y pensionados rozan la miseria

Los años dorados de los abuelos se han tornado grises. Atrás quedó la bonificación al esfuerzo y la dedicación a años de trabajo a través de pensiones y jubilaciones, cuyo monto está fijado en 1 millón 200 mil bolívares, por lo que en medio de la crisis les toca salir a la calle para trabajar o pedir colaboraciones en aras de poder cubrir sus necesidades básicas, o con suerte poder comprar algunos alimentos.

Bajo el sol inclemente, muchos de ellos con alguna discapacidad, se ven a los ancianos trabajando en el comercio informal, ofrecen chucherías, cigarrillos, agua envasada y hasta tapabocas de confección casera. Otros aún más delicados en muletas o sillas de ruedas, piden dinero para sobrevivir. Y aunque la piedad de los ciudadanos prevalezca, lo que consiguen no les alcanza para cubrir gastos médicos ni tratamientos. Con suerte pueden llevar a casa un kilo de harina y medio de granos.

Luis Salguero es un septuagenario que sufre las consecuencias de la fractura de su pierna tras ser atropellado por una moto. Se protege del sol con una camisa manga larga a medio abotonar y una gorra desteñida. A veces siente que sus chancletas desgastadas casi se derriten en sus jornadas diarias entre las avenidas Bracamonte con Venezuela. Allí está atento al cambio de luz roja del semáforo y esos segundos se desplaza hacia varios vehículos, algunos conductores que ni bajan el vidrio de las ventanas, pero él extiende su mano, con toda la esperanza de poder garantizar dinero en efectivo que le permita comprar comida.

El pago por concepto de pensión o jubilación solo alcanza para medio kilo de azúcar en Bs. 650.000 y un kilo de sal en Bs. 420.000. Comprar una harina o un kilo de caraotas es imposible, pues el primer rubro cuesta 2 millones 100 mil, mientras que el segundo 4 millones de bolívares.

Fuente: La Prensa Lara