Daniela Alvarado: “En pandemia pasé más tiempo con mi papá”

El periodismo enfrenta a quien lo ejerce a escribir sobre el país, la política, la economía, el arte y la vida, entre otras fuentes, pero una de las asignaciones más difíciles es hacerlo sobre la muerte o conversar con un entrevistado que recientemente ha perdido a un familiar querido. Más duro todavía es verlo o escucharlo llorar.

El martes 7 de julio en la tarde entrevisté a Daniela Alvarado por el inicio de su ciclo de entrevistas Qué pena con la visita en Instagram. La Daniela de aquel momento hablaba con entusiasmo acerca de su nuevo proyecto profesional, pero al día siguiente, un duro golpe la aguardaba: El fallecimiento de su papá, el primer actor Daniel Alvarado.

Por respeto a su dolor, al de su mamá Carmen Julia Álvarez, al de sus hermanos y al de toda su familia, y por congruencia, esa conversación no fue publicada. Dos semanas después y luego de que Daniela incluyera de nuevo en su Instagram Qué pena con la visita (grabado antes de la pérdida de su padre) me comuniqué con ella para preguntarle si quería cambiar algunas de las respuestas que me dio aquella vez y muy amable y profesionalmente me dijo que lo que me declaró en las últimas cuatro preguntas.

Daniela, agradezco que en medio de tu infinita tristeza me hayas respondido y hayas compartido conmigo y con los lectores de El Universal tus pensamientos y sentimientos en este momento. Te envío mi abrazo y mi respeto, extensivos para todos los tuyos.

– ¿Desde cuándo trabaja en el concepto de Qué pena con la visita? ¿Qué hizo que se animara a experimentar este formato de entrevistas, a través de Instagram?

– Qué pena con la visita nace de la pandemia y de tener que reinventarme, una vez más, en este país. La verdad es que y, tengo que reconocerlo, en esta pandemia lo he vivido todo, lo único que no he vivido es la enfermedad, gracias a Dios, pero me ha pasado de todo. Me pongo a enumerar y creo que la gente no me creería para nada lo que me tocó vivir los primeros 40 días, después los otros 60 y así he ido. Qué pena con la visita es una frase que yo digo mucho es como decir: “¡Qué pena con la visita!”, “La gente siempre haciendo el ridículo”. De ahí nace, del querer preguntar, de lo que siempre he querido saber y de la gente a la que he querido preguntárselo.

– ¿Qué figuras nacionales o internacionales que exploran espacios de este estilo admira, han sido una fuente de inspiración para usted?

– Traté, en lo posible, de buscar a todos los admiro muchísimo, a los que me ha tocado entrevistar y a los que vienen también porque, Dios mediante, estoy preparando una segunda temporada más tranquila, menos apurada, pero a todos los admiro muchísimo y lo escogí por una razón específica. Todo partió de la admiración y también del hecho de que quería que todas fueran personas distintas. No quería que todos fueran actores, cantantes o artistas. Quería que fueran personas a las cuales normalmente no puedo tener acceso como Andrés Chumaceiro, la doctora Carolina Vásquez o Diego Arroyo Gil. Mi admiración hacia ellos parte de esas cosas que siempre he querido ir preguntarles y no tenía una respuesta, por decirlo de alguna manera.

– ¿La pandemia despertó en usted el deseo de interpretar algún personaje o de escribir algún texto u obra de teatro?

– Creo que lo único que ha despertado en mí el principio de esta pandemia es esta parte inevitable de tener que reinventarme constantemente, que es lo único que puedas hacer para poder mejorar, para poder cambiar, para adaptarte a la situación que se está presentando.

– ¿En qué cambió la pandemia a Daniela Alvarado?

– Hay una sola cosa que agradezco del confinamiento: Que pude aprovechar para pasar más tiempo con mi papá porque él vivía muy lejos de nosotros. Se lo agradezco mucho.

– ¿Cuál considera ha sido el mayor aprendizaje que le ha dejado?

– Lo único que te puedo decir que he aprendido de este año es que Dios no nos manda cosas que no podamos soportar. Definitivamente… Quiero creerlo. ¡Dios es tan grande! Sigo creyendo que perdí parte de esa inocencia que me caracterizaba y que era muy de mi papá… ¿Qué más aprendí? Mi mayor aprendizaje es que tengo que abrazar más. Que hay que abrazarse más. Yo no pude abrazar a mi papá. No se me permitió. Entre el covid y que se lo llevaban, no pude. Así que me quedo con eso, con querer abrazar más a la gente.

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Mi papá olía a madera, almendras, siempre dulce, siempre cercano. Abrazar a mi papá era completamente pacífico, como comer pan dulce una tarde, o simplemente como ver un atardecer, como comerse un helado de vainilla con chocolate y sentir que no había más nada, sólo ese momento y yo. Me besaba y me decia: ¿Como estás hija? ¿Como te sientes? ¿Que has hecho? ¿Como están tus cosas? Y la verdad es que no había necesidad de responder, mi papá ya sabía como me sentía, que había hecho y como andaban mis cosas. Mi papá me olía incluso a la distancia, no sé si a madera o almendras, sólo sé que lo hacía. Hoy me acuesto a dormir y ese olor viene a mi corriendo para abrazarme, para decirme que sigue allí, como un atardecer, como comer helado de vainilla con chocolate… Extraño tanto tus abrazos papá… Te amo #CosasQueEscribo

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Fuente: El Universal