Lo bueno, lo malo y lo feo de la ciudad quincuagenaria: Punto Fijo

Como toda ciudad, Punto Fijo tiene sus pro y sus contras.

Tras haber sido considerada el caserío más grande del mundo, la jurisdicción adquirió el estatus de ciudad el 27 de febrero de 1970, cuando la entonces Asamblea Legislativa del Estado Falcón aprobó la creación del Distrito Carirubana y nombró a Punto Fijo como su capital.

Al poseer una figura jurídica, el crecimiento de la ciudad empezó a contar con cierta planificación, pues se estructuraron las instituciones responsables de tutelar su desarrollo.

Aún así, hay mucho que mejorar y en este trabajo definiremos las virtudes e imperfecciones de la localidad que este jueves cumple 50 años de vida municipal.

Lo Bueno: Punto Fijo está anclada en el corazón de la Zona Libre de Paraguaná, lo que la convirtió en la capital económica y comercial del estado Falcón y, pese a la situación que vive Venezuela, todavía es evidente el interés de muchos empresarios de invertir en esta tierra privilegiada. Aquí se instaló la Zona Franca e Industrial de Paraguaná, vecina del Puerto de Guaranao, espacios que permiten la manufactura y comercialización de productos y servicios con sello venezolano y calidad de exportación.

Lo Malo: Punto Fijo creció sin un proyecto urbanístico definido y en sus 50 años persisten las consecuencias de esa peculiaridad. La mayoría de sus sectores no cuentan con un eficiente sistema recolector de aguas servidas y, en pleno siglo XXI se sirven de pozos sépticos ante la ausencia de cloacas.

Lo Feo: Lo mejor de Punto Fijo es su gente, así lo afirman todos los que visitan la ciudad y se llevan una buena impresión de la población. Pero una buena parte de esas mismas personas son las responsables de que una metrópolis dominada por una brisa constante, permanezca «adornada» por montones de basura, que revolotean y se esparcen por doquier. Mientras en casi todo el mundo las comunidades se organizan y actúan en función de la conservación del medio ambiente, la contaminación en Punto Fijo gana cada vez más terreno, como consecuencia directa de una falta de conciencia colectivo sobre la importancia de la preservación, aunado a la falta de inversión pública en la adquisición de contenedores para que los vecinos puedan depositar los desechos de sus casas.

Fuente: Eduardo Ruiz/Notifalcón